procesionaria

JC1 Veterinarios resonancia magnética

Su radio de acción es bastante amplio, en España, Portugal, Francia, Grecia, Turquía, Siria, Líbano, Palestina, Israel, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos y en algunas zonas de Alemania, Suiza, Hungría y Bulgaria.

Concretamente en España puede encontrarse en toda la península y Baleares y ataca a los cedros y a todas las especies de pinos, tanto los propios y típicos del mismo país como de especies importadas.

El clima juega un papel fundamental en la distribución de este lepidóptero ya que en latitudes en las que las temperaturas alcanzan valores inferiores a los -12ºC o hay elevada pluviosidad, dificulta su proliferación. Se guían por el olfato y la vista para diferenciar entre las distintas especies de pinos. La elección de las acículas, las hace por el grosor y longitud adecuados para poner los huevos sin problema, para que se queden ahí y no se caigan, los pondrá siguiendo un patrón helicoidal.

El número de huevos irá entre 120 y 300 aproximadamente y todo el conjunto queda recubierto por las escamas del abdomen dando aspecto de "algodones de azúcar " que recubren las acículas. Las orugas tardan en nacer unos treinta o cuarenta días. Inmediatamente después de la eclosión éstas empiezan a alimentarse en el mismo lugar donde emergen, desplazándose posteriormente a otras zonas en las que construyen nidos de seda de forma provisional, generalmente orientados al sur o sur-oeste, estando el nido por tanto en el lugar más cálido y soleado del árbol. Al estar todas juntas en el nido se dan calor unas a otras, y de esta forma soportan el frío diurno, por las noches salen a comer las hojas del pino, y el metabolismo de la alimentación les proporciona el calor suficiente para soportar el frío nocturno, al mismo tiempo, la oscuridad de la noche las protege de los depredadores. Cuando salen del nido para alimentarse, buscan, cada una por separado, las acículas más tiernas en las ramas del árbol, para luego volver al nido al amanecer.

Dejan un rastro de hilo de seda por el que se guiará para regresar a protegerse durante el día donde permanecerá hasta la noche siguiente en que volverá a salir. En la parte dorsal tienen abundantes pelos de color amarillo-anaranjado y de color blanco el lateral. Entre los pelos aparecen unas pequeñas manchas negras que en estadios posteriores albergarán a los pelos urticantes.

El tercer estado larvario dura unos treinta días y es en este estado donde tienen el emplazamiento definitivo. También en esta fase se forman los dardos urticantes que son los causantes de las alergias y urticarias, tanto en humanos como animales. Dichos dardos se agrupan en el interior de dispositivos formados por repliegues del tegumento. Permanecen cerrados cuando la larva está inmóvil, cuando se agita se abren liberándolos.

A temperaturas superiores a los 30ºC desaparece el comportamiento gregario y las orugas abandonan las colonias. A los 32ºC las larvas mueren. Por debajo de los -12ºC pueden morir colonias enteras.

Entre los 10-20ºC, las orugas siguen alimentando y tejiendo el bolsón pero no avanzan en el desarrollo. Pero al margen del daño que hagan a nuestros bosques, las procesionarias pueden herir gravemente e incluso poner en grave peligro la vida de nuestros perros. Por lo tanto desde finales de Febrero hasta Junio, cuando el clima es más benévolo y la temperatura es suave las orugas salen del nido y descienden por el tronco. Ese es el momento ideal en el que pueden entrar en contacto con nuestro perro. Si ascienden las temperaturas se entierran y pueden permanecer años ahí.

En verano aparecen las mariposas que completarán uno de los cinco ciclos.

Debido a su manera de avanzar, ya que van unas detrás de otras, puede que esto llame la atención a nuestras mascotas. Los pelillos urticantes, recubiertos de una sustancia tóxica y muy irritante y que al contacto con la piel y las mucosas hacen que se libere histamina, responsable de todo el cuadro clínico.

El simple manotazo a una de ellas producirá que con el malestar que sienta intente aliviarlo lamiéndose, lo que hará que se lesione también los labios y la lengua.

Si el contacto es directo con la boca el dolor es muy acusado, hay babeo inmediato y el perro reacciona dándose con las patas en la cara.

Además puede producir vómitos, picor, dolor, excitación, jadeo y cambio de comportamiento, que dependiendo del perro puede ser tanto de agresividad como de miedo. El tipo de lesión que provoca puede ser:

En los ojos, se pueden inflamar los párpados, conjuntivitis, queratitis…
En contacto con la piel. Dermatitis, alergias.
En la boca. Inflamación y necrosis de belfos, labios y faringe.
Si le afecta a las vías respiratorias, si es a nivel de laringe le puede dificultar la respiración llegando a provocarle asfixia.

Lavaremos lo antes posible al perro íntegramente, poniendo especial énfasis en ojos y boca y con abundante agua templada ya que el calor destruye la toxina.

Si el contacto es sobre el pelo del perro, sacudirlo con la mano y acudir lo más pronto posible al veterinario, que evaluará el grado de la lesión para poner el tratamiento que más le convenga, pero hay casos que debido a su gravedad lo más aconsejable es que se quede ingresado en la clínica por la incapacidad que va a tener el perro de alimentarse e hidratarse por sí mismo en unos días.

Por lo que os recomiendo evitar los paseos por los pinares de nuestra localidad entre los meses de Marzo hasta Junio o con temperaturas superiores a los 15ºC.