Epilepsia

JC1 Veterinarios resonancia magnética

Todos sabemos, más o menos los resultados de un ataque epiléptico, pero no tenemos muy claro por qué se produce. Pues bien, esa reacción es debido a una serie de descargas eléctricas excesivas de un foco de neuronas en la corteza cerebral.

También la podemos definir como una descarga electroquímica del cerebro que puede aparecer en cualquier momento y se hace repetitiva en el tiempo. Esta descarga supone que las neuronas se despolarizan o transmiten señales eléctricas a sus vecinas, difundiendo así la excitabilidad a la totalidad del cerebro.

 

En cuanto a los tipos de crisis tenemos las siguientes categorías:

Parciales. Que a su vez se subdividen en; Simples y complejas.
Generalizadas. Con dos clasificaciones. Convulsivas y no convulsivas.
Ideopáticas.

En las parciales simples no hay alteración de la consciencia y se manifiestan contracciones faciales, continuos golpes con una pata o mordisqueos en alguna parte del cuerpo.

Las parciales complejas, tendrán una alteración de la consciencia y a menudo comportamientos extraños, como que intente cazar moscas inexistentes, agresiones sin motivo, aullidos incesantes…

Se originan en ambos hemisferios cerebrales y son del tipo más frecuente. Como características, habrá una alteración de la consciencia unida a signos motores y puede incluir el desplome del afectado.

Puede aparecer en 24 horas, dos o más en 24 horas o cada 30 minutos, sin recuperación de la normalidad en todo este periodo.

La epilepsia ideopática es la que se hereda genéticamente.

En los perros es una de las causas más frecuentes de convulsiones. Particularmente es frecuente en razas puras, ya que en estas es hereditaria.

El primer episodio se puede dar entre los 6 meses y 5 años, pero este periodo no es del todo exacto, ya que cuanto más grande sea la raza más se puede acortar la edad para tenerla.
Pero por lo general que se produzca antes de los 6 meses o después de los 5 años es poco probable.

Los episodios epilépticos se caracterizan por ver como el perro pierde de manera brusca la consciencia y hay una rigidez total en su cuerpo, seguidos de movimientos desordenados en las extremidades y la cabeza, con una salivación abundante, incluso llegan a orinarse.

Al salir del estadio epiléptico suelen estar desorientados pero poco a poco irán recuperándose.
En una revisión rutinaria es difícil que el veterinario pueda encontrar señales de que nuestro perro pueda tener ataques.

Aparentemente estarán sanos y las pruebas neurológicas que se le puedan hacer serán normales, así como el resto de pruebas complementarias como bioquímicas, demográficas y pruebas diagnósticas como análisis de líquido cefalorraquídeo o tomografía axial.

En casa si nuestro perro tiene un ataque puede ser algo impactante, ya no hablemos de lo que puede suponer para un niño.

Afortunadamente, muchos ataques son nocturnos o pasan desapercibidos para los pequeños de la casa.

Pero no sólo las convulsiones son propias de la epilepsia, si hay hipoglucemia (bajo nivel de azúcar en sangre), podemos confundirnos y creer que es un ataque epiléptico. La diferencia está en que los hipoglucémicos manifiestan signos de la enfermedad, cosa que no pasa con los epilépticos.

La epilepsia también puede sobrevenir como una patología secundaria a otras enfermedades, como puede ser, el moquillo, tumores cerebrales, fallos hepáticos o cardíacos, diabetes…

Sin embargo la verdadera, se presenta debido a un síndrome hereditario de cuyas causas a día de hoy no tenemos ni idea.

En los ataques se pueden diferenciar tres etapas:

Aura: Signos de inquietud, salivación, temblores…
Ictus o Ictal: Es el ataque en sí. El perro cae de costado y patalea.
Postictal: Confusión, desorientación, excesiva salivación y en algunos casos ceguera.
Por nuestra parte, si tenemos un perro que padezca este transtorno debemos evitar situaciones que le causen tensión, ya que se ha detectado que también estos episodios puedan deberse a un efecto hormonal en las hembras.

Intentaremos, si estamos presentes, evitar que en su caída se golpee con objetos que puedan dañarlo que estén a su alrededor. No es aconsejable tocarlo ya que en esos momentos el animal no conoce ni a su dueño ni el entorno que le rodea.

Si tenemos la entereza suficiente, apuntaremos la fecha y duración para que cuando vayamos al veterinario para que el haga un tratamiento lo más preciso posible en cuanto a dosis y frecuencia.

En la actualidad existen muchos anticonvulsionantes en el mercado pero el más conocido sea el Fenobarbital, en el tiempo que dure el tratamiento con este medicamento las neuronas en cierta manera aprenderán a no convulsionar.

Otro medicamento es el Bromuro de Potasio que se administrará en pacientes que no han reaccionado bien a la terapia única.

En cuanto a los dueños, recomendarles tranquilidad, ya que por lo general esta afección no representa riesgo de muerte para nuestro amigo, pudiendo tener una vida normal si llevan un tratamiento correcto.